
Investigadores de la Universidad de Barcelona han publicado los resultados de un interesante experimento: pusieron unas gafas para porno en realidad virtual a un grupo de hombres y les hicieron experimentar estar en un cuerpo femenino. ¿Una fantasía erótica hecha realidad, o hay algo más serio detrás?
La respuesta a esta última pregunta es obvia: este estudio ayudará a arrojar luz sobre un enigma neurocientífico histórico, a saber, cómo nuestra mente consigue distinguir entre lo que pertenece a nuestro propio cuerpo y lo que es el resto del Mundo. En realidad, también se abren nuevos e interesantes escenarios desde el punto de vista informático: en el futuro, la realidad virtual ya no sólo permitirá transformar la percepción de los lugares, sino también la de uno mismo.
Los 24 sujetos que participaron se dividieron en dos grupos: en uno, el punto de vista coincidía con el del personaje virtual; en el otro, se situaba fuera y cerca del cuerpo. En una primera fase, el alter ego femenino fue abordado por otra mujer que le tocó el brazo, mientras que en una segunda fase ésta le abofeteó. Todos estos gestos eran estrictamente virtuales, pero la mayoría de los hombres sintieron una fuerte implicación, hasta el punto de experimentar los mismos efectos que una bofetada real, incluyendo una alteración del ECG y un ligero desplazamiento del cuerpo. Obviamente, las sensaciones más intensas las experimentaron los individuos que «vieron de primera mano» a través de los ojos de la mujer. Por lo tanto, está claro que no es tan esencial que nuestro cerebro tenga una integración visual-táctil para ser engañado por estas ilusiones de identidad, como se creía anteriormente. En pocas palabras, los resultados sugieren que la imagen de sí mismo que crea nuestra mente es extremadamente fluida y dinámica, y este nuevo conocimiento puede ser de gran ayuda en la rehabilitación de los pacientes con ictus, ayudándoles a sumergirse en un mundo virtual en el que su cuerpo vuelve a ser totalmente funcional.
¿No te ha recordado todo esto a Jake Sully, el protagonista de Avatar? Con toda probabilidad, James Cameron no hizo una película de ciencia ficción, ¡sino una futurista!
